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¡Q U E B O F E T A D A, A S T R E A!

 

Escribe Bárbara Fadlala.

Todos los buenos habitantes de un pequeño país se acercaron desalentados a Astrea, la Diosa de la Justicia, y así le hablaron:

 

“Diosa Astrea, ¡qué bofetada nos has propinado! nosotros te hemos adorado desde tiempo inmemorial, sabiendo que nadie como tú, conoce los límites entre el bien y el mal. Es por ello que nos sentíamos seguros bajo tu protección, porque nunca has permitido que las faltas quedaran sin castigo”.

 

“Confiados dormíamos junto a nuestros hijos, enseñándoles que teníamos certeza de que tú, Justicia, no dejarías jamás que los criminales y ladrones anduvieran sueltos por las ciudades sembrando el terror y la violencia. Tampoco abandonarías, sin la gracia del perdón, al hombre de bien acusado por error”.

 

“Pero ya hace varias décadas que has cambiado y tu balanza se inclinó a favor del pillo, a tal punto que, unos pocos días atrás, volviste a favorecer a uno de ellos. Si alguna esperanza guardábamos en el corazón, hoy se desdibujó por completo. ¿por qué lo haces?”

 

Astrea visiblemente consternada detrás de la venda que cubre sus ojos, con voz quebrada contestó así:

 

“Hijos míos, yo sigo siendo la misma Diosa justa que ustedes han conocido. La tristeza que me embarga es infinitamente mayor que vuestra desolación al notar el proceder de mis representantes en la sociedad”.

 

“Aquellos hombres probos que cumplían con estricta dedicación mis leyes, ya no están. Han sido devorados por otros carentes de dignidad, sin corazón, llevando como estandarte, ya no mis justos preceptos, sino un afán mercantilista en cuyos trebejos han desdeñado el camino por mí indicado”.

 

“Efectivamente, hace ya décadas que estos falsos impartidotes de justicia han instaurado el descreimiento hacia las instituciones por gracia de la búsqueda de riquezas materiales y la politización de mi doctrina”.

 

“Ustedes saben que llevo los ojos vendados con el fin de no inclinarme hacia nada ni nadie, para solo ajustarme a las leyes e impartir justicia veraz”.

 

“Es menester pues vuestra participación efectiva y sostenida, porque solo la determinación de los ciudadanos logrará defenestrar a estos escribas de mi propia casa”.

 

“Defienda con coraje la Justicia, es un derecho que yo mismo he otorgado al pueblo para cuando alguno de los suyos tenga intenciones insanas”.

 

“No temáis, los adoradores del becerro de oro son débiles, nunca podrán hacer frente al poder que implica la voluntad férrea de un pueblo unido. Hacedlo! pero hacedlo ya, porque yo estaré esperando ansiosa!!”.

 

Asunción, 10 de Diciembre de 2008. Día de los Derechos Humanos.

 

 

 

 

 

 

 

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