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VICTIMAS DEL VATICANO .

 

 

Tomando como ejemplo a quien fuera Obispo de San Pedro, Paraguay y hoy Presidente de la República, deseo referirme al voto del celibato y castidad que el Vaticano forzosamente impone a quienes desean abrazar el hábito de sacerdote. Este juramento es trasgredido por la mayoría de los sacerdotes durante el devenir de su ministerio, desde el momento que tal imposición va de contramano con la Naturaleza. Los miles y miles de casos de curas que han faltado a ambos juramentos, no son más que la prueba indiscutible de que el hombre debe vivir de acuerdo a esa Naturaleza, esto es, debe tener su vida sexual para que sea un ser pleno viviendo la verdad. Su vida en pareja, ya sea casándose o uniéndose a la mujer que ama, le dará la oportunidad de compartir la crianza de sus hijos, lo cual es normal y entregar su amor, tanto a su familia como a su ministerio.

 

En el Paraguay y en el mundo, la trasgresión al voto de castidad es ya patrimonio del pueblo, solo que la hipocresía de la sociedad no la declara abiertamente porque está condicionada a mitos que la misma iglesia se encarga de imponer a su feligresía. ¿De qué otra manera la tendría incondicionalmente a sus designios? Por ende, estas imposiciones no hablan de una institución democrática sino de una institución opresora que se quedó en el tiempo, a espaldas del actual devenir cultural y tecnológico de los pueblos. El celibato y la castidad deben quedar sujetos a la opción y no a la imposición.

 

Me pregunto a mí mismo, padre de cinco hijos y nueve nietos ¿qué consejos puede impartir un sacerdote para la crianza de una familia si él no tiene tales experiencias? ¿Qué consejos matrimoniales puede impartir a una enamorada pareja que se unirán en matrimonio? En muchos casos, hay curas que desde el confesionario, tendenciosamente extraen los secretos íntimos de la mujer que va en busca de su supuesta redención de los pecados.

 

Sabido es que aquello que nos está prohibido despierta la morbosidad en el hombre en detrimento de su salud psíquica, por tanto, ¿cómo es que los curas lograrán desarrollar su ministerio debiendo vivir el tormento de la mentira?

 

No me cansaré de repetir, aunque las críticas me condenen, que el celibato casto es obsoleto, fuera de época y pernicioso para la salud, tanto del mismo sacerdote como para la sociedad.

 

Aníbal Fadlala.

 

Asunción, 23 de Abril de 2009.

 

 

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